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AUTOCUIDADO

¿Te cuidas como deberías?

Cristina Acebedo Hernández·17/03/2025

A menudo, en terapia, me encuentro diciéndoles a mis pacientes que tienen que cuidarse, que es fundamental escucharse, darse espacio y priorizarse. Los animo a descansar, a poner límites, a reconocerse en sus necesidades. Y, sin embargo, me doy cuenta de que, muchas veces, yo misma no me cuido como debería.

Toda mi familia, mis dos hijas, mi marido y yo, cuidamos de mi abuela Lola, que vive con nosotros y tiene Alzhéimer. No es una obligación, la elegí, la elegimos. Porque la queremos, porque sentimos que es lo correcto. Pero eso no significa que no sea duro. A veces, pesa. A veces, el amor y el cansancio conviven, y es difícil encontrar el equilibrio. Las noches pueden ser largas y difíciles: ataques de psicosis, delirios, deambulación constante. Duermo poco, me agoto, pero sigo adelante porque "tengo que hacerlo". Porque hay cosas que nadie más puede hacer por mí, porque me han enseñado que ser fuerte es seguir a pesar del cansancio.

Hasta que un día me detuve. Me pregunté: "y si sigo así, ¿cuánto más podré aguantar?" Fue un día especialmente duro. Había dormido apenas unas horas y la jornada se presentaba interminable. Sentía un nudo en el estómago, un peso en el pecho. Y entonces me vi: ojerosa, agotada, sin fuerzas. Me miré en el espejo y no me reconocí. ¿Qué pasaría si yo fuera mi propia paciente? ¿Qué consejo me daría?

Pedí ayuda. Y dormir, descansar, hizo que todo cambiara. No solo por el simple hecho de dormir más, sino porque ese acto de pedirme ayuda a mí misma, de reconocer que no podía con todo, fue un recordatorio de que yo también importo. Que no se trata solo de sobrevivir, sino de vivir de verdad.

Y ahora, te pregunto a ti: ¿cuándo fue la última vez que te detuviste a escuchar lo que realmente necesitas? ¿Te escuchas cuando tu cuerpo te dice que pares, o lo ignoras hasta que no puede más? ¿Respetas tus tiempos de descanso o siempre los pospones "para más tarde"? ¿Te concedes el derecho a pedir ayuda sin sentir culpa, o crees que hacerlo es una debilidad? ¿Cuántas veces al día te miras con compasión en lugar de exigencia? ¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo solo por y para ti, sin sentirte egoísta? ¿Sabes diferenciar entre estar ocupada y estar presente en tu propia vida?

El autocuidado no es un capricho, es una necesidad. No es algo que se pueda posponer indefinidamente sin consecuencias. Es el acto de reconocerte, de darte el lugar que mereces en tu propia vida. Y si hoy todavía no has hecho algo por ti, este es el momento perfecto para empezar.

Te leo, ¿qué vas a hacer hoy para cuidarte?

Cristina Acebedo, psicóloga colegiada nº CL06154

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