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Autocuidado

El arte de parar y seguir sintiendo

Cristina Acebedo Hernández·02/08/2025

Me despido por unos días. Hace unos días ya escribí a todos los pacientes de Te Cuidas y ahora traslado al resto la manera en la que voy a afrontar mis vacaciones. Hasta el 18 de agosto, estaré de vacaciones.

Transito estos días con la intención clara de descansar. De vivir lento, de cuidar lo que me sostiene, de estar presente con quienes quiero. Estoy abrazando el verano sin prisas, sin horarios, con libros desordenados sobre la mesilla y sobremesas largas. Mirando despacio a mis hijas, riéndome con mi marido, dejándome tocar por los silencios compartidos, por la calma, por el tiempo sin urgencias. Porque también yo necesito parar. Y me lo permito. Me lo regalo. Me estoy cuidando como tantas veces animo en las sesiones de terapia a mis pacientes a que lo hagan.

Estoy poniendo límites, bajando el ritmo, honrando el cuerpo y las emociones. Practicando la presencia y ese arte olvidado de hacer nada sin sentir culpa. Mirando el mar. Aburriéndome un poco (era el plan, pero aún eso no ha pasado). No estoy disponible. Y, sobre todo, estoy recordando, estamos recordando (mi marido también), que no somos máquinas. Que merecemos el descanso, no como premio por productividad, sino como derecho vital.

Desde aquí, quería daros las gracias de corazón. Gracias por esta parte de 2025 tan especial. Gracias por la confianza, gracias por leernos, por la honestidad, por cada historia que habéis traído a terapia con valentía los que ya estáis dentro de este espacio. Gracias por los silencios, por las lágrimas, por el sentido del humor, por las resistencias y también por los pequeños avances que a veces llegan sin hacer ruido. Y por todo lo que llega para destruir todo lo que conocíais hasta ahora y os engancha a la vida de una manera alucinante.

Ha sido un año intenso para muchas y muchos de vosotros. Para mí, los años empiezan y acaban en agosto. Me siento muy afortunada de acompañaros en este camino. Y así se siente todo el equipo también.

Cada logro, por pequeño que parezca, cuenta. Cada paso hacia dentro. Cada decisión tomada desde un lugar más libre. Cada vez que os habéis elegido. Eso es gigante. Ojalá que este tiempo de pausa —el mío, y si podéis, también el vuestro— sirva para recordar lo que de verdad importa. Para mirar lo sencillo. Para conectar con el cuerpo, con la tierra, con lo cercano. Para recuperar la calma como forma de vida. Yo os espero a la vuelta, con las puertas abiertas y el corazón lleno. Os espera todo el equipo.

Nos reencontraremos con energías renovadas, con historias nuevas, con todo lo que el verano nos regale. Mientras tanto, si podéis, regalad también a vuestra mente y a vuestro cuerpo un poco de tregua. Soltad la exigencia. Bajad el volumen del juicio. Y dejaos llevar, aunque sea un ratito, por lo que simplemente es.

Y hoy quiero regalaros todo lo que a veces no puedo, porque el proceso terapéutico tiene reglas y aunque a veces me gusta ser flexible, no todo se puede decir. Así vivimos la terapia en Te Cuidas, llevándonos a nuestra vida diaria un poquito de todo el que pasa por aquí, por nuestra casa, nuestro hogar y nuestro santuario. Nuestra razón de ser y estar aquí y de contaros un poquito de nosotros en este espacio que va creciendo poquito a poco.

No son solo mis vibraciones, son las de todo el equipo, la de ese equipo que también va creciendo. Gracias a la confianza que depositáis en este proyecto, por leer este diario, por vuestras ganas de ser y estar, cada día, un poquito más en paz:

Te admiro profundamente. Me pareces alucinante. Hay una fuerza en ti que a veces ni tú ves, pero que yo sí alcanzo a mirar. Tu dolor me desgarra, aunque no lo diga. A veces salgo de sesión y me quedo en silencio, pensando en todo lo que cargas. Camino por la calle y me vienen a la mente tus palabras, tu historia, tus preguntas. Cuando lloras, algo se me aprieta por dentro. Me emociona ver cómo te sostienes incluso cuando sientes que te derrumbas. Me das lecciones sin saberlo. Me haces confiar más en las personas. Tu forma de reconstruirte me conmueve. Me haces mejor psicóloga. Me haces mejor persona.

A veces quisiera abrazarte, aunque sé que no es mi papel. Me dan ganas de gritarle al mundo lo injusto que ha sido contigo. Me alegro contigo cuando llega algo bueno, aunque lo disimule detrás de una sonrisa tranquila. Hay días en los que salgo más tocada que tú. No sabes lo valiente que eres por sentarte, semana tras semana, a mirarte. Me conmueve cómo quieres cuidar a los tuyos, incluso cuando tú estás rota.

Gracias por enseñarme tanto. Gracias por dejarme estar a tu lado. Gracias por confiar en mí. Gracias por tu historia, con todas sus grietas, que también está llena de luz. No estás sola. Ni solo. Aunque a veces lo sientas. Estoy, incluso en los silencios. Incluso en los días en los que no hay sesión.

Gracias por estar al otro lado. Por leer, por sentir, por acompañar. Ojalá hoy encuentres un instante para ti. Aunque no sea tu mejor momento. Aunque nada sea perfecto. Porque la vida no se repite, y estos segundos —estos que pasan ahora mismo— no vuelven. Disfrútalos. Como puedas, como te salga, como seas. El presente es lo único que realmente tenemos.

Con Amor, Cris.

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