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Relación terapéutica

Cuando tu psicóloga te incomoda

Rosario Segovia Brome·27 mayo 2026

Hay personas que llegan a terapia, lo intentan, y en algún momento concluyen que la terapia no es para ellas. Que no funciona. Que quizá su problema no tiene solución, o que ellas no son capaces de abrirse, o que todo esto está sobrevalorado.

Y a veces puede ser eso. Pero muchas veces no lo es.

Muchas veces lo que ha fallado no es la terapia. Es que no había el espacio adecuado para que la terapia pudiera ocurrir de verdad.

Porque la terapia no ocurre en el aire. Ocurre entre dos personas. Y como en cualquier relación, no siempre hay encaje. No siempre hay confianza. No siempre se genera ese lugar donde puedes bajar la guardia, soltarte, dejar de ordenarlo todo antes de hablar. Y sin ese lugar, sin esa sensación de seguridad con quien tienes delante, es muy difícil entregarse al proceso. Puedes ir. Puedes contar cosas. Puedes hacer el esfuerzo semana tras semana. Pero una parte de ti se va a quedar en alerta. Y desde la alerta no se puede ser vulnerable. Y sin vulnerabilidad, la terapia se queda en la superficie.

No es que no puedas. Es que no estás en el lugar donde puedes.

La alianza terapéutica no es un detalle secundario. Es la condición desde la que todo lo demás es posible.

Y puede que no te guste tu psicóloga. Puede que algo en ella te genere rechazo, distancia, o simplemente que no conectes. Desde el primer momento o después de un tiempo. Y eso está bien. Es más normal de lo que crees, y no dice nada malo de ti ni de ella.

Lo que sí importa es lo que haces con eso.

Porque a veces la incomodidad que sientes con quien tienes delante tiene que ver contigo. Con algo que se mueve por dentro cuando alguien te mira de cerca. Con alguien de antes a quien sin saber por qué ella te recuerda. Alguien que juzgaba, que no escuchaba, a quien intentabas agradar. Y reaccionas desde ahí, sin darte cuenta. En ese caso, poder decirlo en sesión, poder poner palabras a esa incomodidad aunque dé vergüenza, no rompe la terapia. La hace más real. Es, muchas veces, donde empieza el trabajo de verdad.

Pero otras veces no es eso. Otras veces, sencillamente, no hay encaje. Y la diferencia importa. Porque no se trata de aguantar pensando que toda incomodidad es parte del proceso. Se trata de saber distinguir entre lo que te remueve porque toca algo tuyo, y lo que te dice que este no es tu sitio.

Si algo no encaja, dilo. Díselo a ella. Dale la oportunidad de que algo se mueva. A veces con nombrarlo es suficiente. A veces no. Y si después de hablarlo sigues sin sentirte a salvo, si sigues midiendo lo que dices, si sigues llegando a sesión con la guardia puesta, escúchate. Porque estás perdiendo algo muy valioso: la oportunidad de estar en un lugar donde sí puedas entregarte.

Buscar otra profesional no es un fracaso. Es elegir mejor dónde estar.

En Te Cuidas no estás sola en esto. Somos un equipo de siete psicólogas, y si algo no encaja con quien estás trabajando, no tienes que irte a ningún sitio ni empezar de cero. Puedes pedir el cambio. Porque lo importante no es quedarte donde no puedes soltarte. Es encontrar el lugar, y la persona, con quien sí puedas hacerlo.

Desde el otro lado, desde el mío, te digo que esto lo sabemos. Sabemos que no vamos a encajar con todo el mundo. No lo vivimos como un fallo personal. Lo más importante no es que te quedes. Es que estés donde puedas de verdad estar.

Donde puedas confiar. Abrirte. Sentirte a salvo.

Donde puedas ser tú, de verdad.

Si sientes que algo no encaja en tu proceso terapéutico y quieres orientación, puedes escribirnos.

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