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Cambio y transiciones

Caída libre

Rosario Segovia Brome·13/08/2025

13.08.25

A veces, todo se mueve y se tambalea.

Grandes cambios que nacen en silencio, desde dentro, con un temblor apenas visible y que terminan empujándonos a replantearnos personas y lugares que parecían certezas.

Finales y comienzos. Decisiones. Cierres que duelen más de lo que imaginamos y puertas que se abren sin darnos tiempo a entender qué dejamos atrás.

Vértigo. Miedo, a veces atroz, al cambio, a decir adiós, a saludar oportunidades desconocidas que generan tensión y desconfianza, porque nos sentimos vulnerables.

La sensación de estar al borde de algo y no saber si lanzarnos.

Y, sin embargo, saltamos. Porque algo dentro empuja más fuerte que el miedo.

Entonces algo cambia: el vértigo queda atrás y empieza la caída libre. Al principio puede tener algo de emocionante, pero pronto empieza a pesar... El cuerpo y la mente quedan suspendidos en el aire, esperando el momento de tocar tierra, rozando constantemente la incertidumbre de no saber a qué distancia está el suelo de nuestros pies.

Pero, ¿no es así como nos sorprende la vida? Creemos que sabemos hacia dónde vamos, nos aferramos a rutinas, planes y certezas y, de repente, todo se tambalea. Es ahí cuando aparece la incomodidad: ansiedad, dudas, cansancio mental y físico. El bucle de la indecisión.

A veces, tristeza. Por la sensación de soledad que trae el no saber si estamos avanzando, o si, simplemente, estamos siendo arrastrados hacia lugares que no siempre elegimos.

Desde la psicología sabemos que todo cambio, incluso el más deseado, implica pérdida. Cambiar de etapa, de casa, de trabajo, de personas, de mentalidad, etc., significa dejar atrás una forma de estar en el mundo, una forma de ser con el mundo. Y eso conlleva su duelo. Nuestro cerebro busca seguridad y lo conocido; por eso, cuando lo perdemos, se activan las alarmas del miedo, aunque no haya un peligro real.

Este post no es una conclusión ni una respuesta.

Es un acompañamiento, desde esta parte mía, tan profesional como humana, que a veces también se siente perdida, en el aire, cayendo a ciegas, confiando a ratos y dudando otros.

Quizá alguien más esté sintiendo algo parecido.

Si estás ahí, en tu propia caída libre, solo quiero decirte: no estás sola.

Nos pasa. Es humano.

Algo que puede ayudar es parar y preguntarte:

¿Qué parte de mí necesita que le diga que todo irá bien?

Y luego, si puedes, decírselo tú.

A veces no podemos frenar la caída, pero sí recordar que incluso en el aire, seguimos aquí.

Te acompaña,

¿Quieres que hablemos de algún tema?

Háznoslo saber