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VÍNCULOS Y RELACIONES

Al Amore, que siempre estás detrás de todo

Cristina Acebedo Hernández·18/09/2026

Hoy es 18 de septiembre y cumples años tú, Pablo, el Amore, mi marido y la persona que lleva años estando detrás de casi todos mis proyectos sin necesidad de ponerse nunca delante. Muchas de las cosas que hago tienen algo tuyo, aunque no se vea, porque has escuchado ideas cuando todavía eran apenas una intuición, has sostenido decisiones que daban vértigo y has respetado siempre esa necesidad mía de imaginar cosas nuevas y echarlas a andar.

Nuestra historia no ha sido siempre fácil, y me alegro de poder decirlo así, sin disfrazarla, porque hubo incluso un momento en el que tuvimos que parar la vida que habíamos construido, mirarla con honestidad y dibujarla de nuevo. Tuvimos que aprender cosas, cambiar otras, reconocernos de una manera distinta y entender que quererse muchísimo no te libra de tener que trabajar para seguir encontrándote.

No fue fácil, pero el amor siempre fue infinito, y alrededor de ese amor ha ido creciendo una vida entera.

Nos casamos dos veces, tuvimos a nuestras dos niñas y vivimos también la pérdida de un embarazo, una de esas experiencias que casi no ocupan tiempo en el calendario y, sin embargo, dejan una huella mucho más larga por dentro. Hemos cumplido sueños y hemos tenido que renunciar a otros, hemos empezado proyectos creyendo que todo iba a salir bien y hemos conocido también lo que significa quedarse prácticamente sin nada, contar, ajustar, preocuparse y volver a empezar.

Quizá por haber conocido los dos extremos disfruto tanto cuando pienso en nosotros riéndonos en Llanes, viajando por Tailandia, Vietnam o la India, descubriendo sitios que durante un tiempo parecen importantísimos y que después terminan mezclándose en la memoria con una conversación, una tontería que nos hizo reír o alguna discusión absurda. Hemos ido muy lejos juntos y, sin embargo, con los años he entendido que mi sensación de hogar tiene bastante poco que ver con un lugar, tiene mucho más que ver contigo.

Te admiro profundamente, y creo que esa es una de las cosas más bonitas que me han ocurrido dentro del amor, porque los años no han ido desgastando esa admiración, sino haciéndola mucho más consciente. Sé quién eres cuando todo va bien y también sé quién eres cuando las cosas se complican, sé cómo trabajas, cómo respondes, cómo tratas a la gente cuando nadie tiene por qué agradecerte nada, y en todos esos lugares encuentro a un hombre profundamente honrado, honesto y bueno, no bueno de una manera ingenua ni perfecta, sino de esa forma mucho más difícil que consiste en intentar hacer las cosas bien incluso cuando cuesta.

También conozco perfectamente la paciencia que supone quererme a mí, porque convives con mis manías, mis vueltas mentales y esa capacidad mía para convertir de vez en cuando una posibilidad remota en un acontecimiento que mi cabeza considera prácticamente inminente. A veces intentas poner orden, otras te ríes conmigo y muchas simplemente me observas con una mirada que me sigue emocionando después de todos estos años.

No porque me mires como si yo fuera perfecta, sino justamente porque sé que no lo haces, me conoces demasiado para eso. Conoces mis partes maravillosas y las que lo son bastante menos, sabes cuándo estoy insoportable, cuándo tengo miedo aunque disimule, cuándo necesito que me digas algo y cuándo necesito simplemente encontrarte cerca, y hay algo profundamente bonito en sentirse mirada así, sin idealización, pero con amor.

Después está lo de cocinar, que merece capítulo aparte. No voy a fingir objetividad porque no la tengo y tampoco la quiero: el mejor cocinero del mundo eres tú. Y creo que lo que más me gusta no es lo bien que cocinas, sino todo lo que pones alrededor de la comida, porque en tu manera de preparar algo para nosotros hay siempre una forma de cuidar.

Muchas de las escenas felices de nuestra casa podrían empezar perfectamente contigo en la cocina y nosotras alrededor, llegando, probando cosas antes de tiempo, hablando todos a la vez. Quizá por eso algunos sabores son recuerdos.

Y además eres muy grande, en todos los sentidos, y yo, que puedo ser extraordinariamente valiente para algunas cosas y tremendamente temerosa para otras, encuentro en esa grandeza una protección que no tiene nada que ver con que puedas evitarme las cosas malas.

Lo que haces es algo bastante más importante: consigues que me den menos miedo porque sé que, si llegan, no tendré que atravesarlas sola. Me proteges de esa incertidumbre que a veces me cuesta tanto tolerar, de la pena cuando pesa demasiado y también de mi necesidad absurda de intentar tener controlado un futuro que jamás se deja controlar. Nunca me prometes que todo saldrá bien, pero hay una tranquilidad enorme en saber que, salga como salga, estarás al otro lado para pensar conmigo qué hacemos después.

Porque nunca he sentido que para estar a tu lado tuviera que reducir mis sueños, hacerme pequeña o convertirme en alguien más fácil de acompañar. Has respetado mi trabajo, mis proyectos, mis cambios y mi manera de ser incluso cuando no la has comprendido del todo, y me has dejado ocupar espacio sin sentir que ese espacio te quitaba nada a ti.

Eso habla mucho de cómo me quieres y también de quién eres.

Hoy cumples años y supongo que esta es mi manera de decirte algo que quizá debería decir más veces: que veo todo lo que haces aunque muchas veces ocurra detrás, que sé cuánto de nuestra vida lleva tus manos, tu trabajo y tu paciencia, y que sigo sintiéndome profundamente afortunada de compartirla contigo.

Hemos tenido de todo y hemos estado en la ruina, hemos tenido miedo y hemos hecho auténticas locuras, hemos llorado cosas que no imaginábamos que tendríamos que llorar y nos hemos reído hasta quedarnos sin aire en lugares que hace años ni siquiera sabíamos colocar en un mapa. Ahora tenemos dos niñas, una vida llena de proyectos y una historia que, vista desde fuera, seguramente podría contarse de muchas maneras.

Yo elegiría contarla desde el respeto. Porque por encima de todo lo que hemos vivido, esa es una de las cosas que más admiro de nosotros. Incluso cuando no estuvimos de acuerdo, incluso cuando tuvimos que reconstruirnos, nunca dejamos de mirarnos como dos personas que se querían y se respetaban profundamente.

Y después de tantos años sigo buscándote con la mirada cuando ocurre algo importante, sigo queriendo contarte primero las buenas noticias y sigo necesitando encontrarte cuando las noticias no son tan buenas. Sigo admirándote, sigo riéndome contigo y sigo queriendo conocer todas las versiones de ti que todavía no han llegado.

Feliz cumpleaños, Amore. No sé cuántas vidas caben dentro de una vida compartida, pero nosotros ya hemos vivido unas cuantas y, si algo tengo claro después de todas ellas, es que no necesito que el camino sea perfecto. Me basta con seguir recorriéndolo contigo.

Con Amor, Cris.

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